La escuela aspira a consolidar una comunidad misionera sólida y autosustentable en el norte de Argentina, dedicada a la formación y movilización de nuevas generaciones de discípulos para las misiones locales y globales.
En la escuela, la formación trasciende la mera transmisión de información y busca una transformación integral del estudiante. Nos proyectamos como una comunidad formativa intensiva y multicultural, donde entre 10 y 20 estudiantes por edición —con prioridad para participantes locales e integración de estudiantes internacionales— conviven en un entorno de discipulado profundo, fomentando un crecimiento simultáneo en lo relacional, espiritual y práctico.
Nuestro propósito se concreta en el desarrollo equilibrado de tres dimensiones fundamentales:
1. Formación espiritual y relacional con Dios
Buscamos que cada estudiante cultive una relación personal y genuina con Dios, basada en la comunión, la intimidad y el conocimiento de Su carácter. El “ser” precede al “hacer”; por ello, la convivencia y la vida comunitaria fortalecen el carácter cristiano y la madurez espiritual.
2. Formación teórica y fundamentos en misiones
Proporcionamos una base sólida de conocimientos sobre el propósito, el llamado y el contexto misionero, integrando esta enseñanza con la vida espiritual para generar convicciones firmes y una visión clara del rol del misionero.
3. Formación práctica y desarrollo del carácter
La práctica ocupa un lugar central. A través de experiencias concretas de servicio, el estudiante es confrontado y formado en su carácter, cultivando valores como la humildad, la paciencia, el trabajo en equipo, renuncia, entrega, disciplina, obediencia y la disposición al servicio, generando impacto real y promoviendo un crecimiento espiritual integral.